Mirar a la adversidad con ojos de niño/a

Hoy me apetece mandar un mensaje a mi “yo del pasado “, y a todos los padres y madres, a los que pueda interesarles lo que quiero transmitir en estas líneas . Escribo también desde esos “ojos  de niña” , que  aprendió y a día de hoy sigue aprendiendo ya siendo adulta de la vida. 

Una de las importantes” lecciones “ que te muestra la vida es: «un apasionante juego , en el que convivimos y compartimos, pero también hay partes en que la propia vida te enseña a ser fuerte”.

 Por ello, es esencial el papel que lleven a cabo las madres y/o padres en la vida de sus hijos/as, “ejemplo “, para esos pequeños ojos “ que observan la vida desde su inocencia , a los cuales les queda tanto por aprender y experimentar .

Y hay que enseñarles desde niños que la vida no es fácil; aunque muchas veces ella misma se encargará de ello.  Adquirir la  capacidad de ser resiliente es clave para entender la adversidad como reto; ¿pero cómo hacer para que los niños y niñas entiendan lo que es esa hermosa habilidad? .

Bajo mi punto de vista, es importante que aprendan a ver el mundo a través de la resiliencia y empatía y de esta manera, puedan desarrollar mejor la forma de relacionarse con otras personas. Porque está estudiado en el ámbito de la psicología; “que el desarrollo de éstas ayudan a fortalecer y/o formar vínculos humanos”.

Por ello , voy a intentar explicar de forma sencilla lo que es la “ Resiliencia “  para que ellos/as la puedan adquirir también en sus vidas y crezcan con empatía. Recordemos que ambas dos, “son  habilidades que les ayudarán a relacionarse mejor y harán que aprendan a compartir” .

Por ejemplo, os comparto varias experiencias que viví cuando era pequeña.

Primera: al tener que compartir mis juguetes con mi hermana melliza, desarrollé la habilidad de la empatía. Y así logré ponerme en el lugar de mi hermana sin enfadarme. 

Segunda: cuando estudiaba en el colegio me encontré con una dificultad en el aprendizaje. Necesitaba más tiempo que el resto de mis compañeros/as para realizar las tareas que nos mandaban los profesores. Aquí desarrollé la resiliencia para entender que a mí me costaría algún tiempo más acabar las tareas  y que no ocurría nada. Simplemente necesitaría más rato, algún apoyo y que no debía sentirme inferior al resto de compañeras/os . Por lo tanto, me crecí en las dificultades y las convertí en retos. 

Para concluir, también me gustaría aprovechar este artículo para agradecer a mi familia más cercana el haberme inculcado la empatía y la resiliencia. Puesto que, la vida ya se ha encargado de ello, los padres son y siguen jugando un papel importantísimo para que yo lleve por bandera estas dos habilidades.

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